jueves, 4 de agosto de 2016

EL CABALLO MILITAR DE LA HISTORIA DE VENEZUELA.

Por: Alexis Blanco.

La historia de Venezuela ha sido escrita sobre la marcha romántica de un caballo militar bolivariano que eternamente vaga por el tiempo como un quijote justiciero o vengador. Este principio histórico siempre ha sido utilizado no solo para honrar la memoria de nuestros libertadores y la épica del pueblo venezolano y sus efemérides, si no como un artilugio para adoctrinar de manera tóxica la conciencia social del pueblo venezolano, superponiendo con métodos educativos y propagandísticos, la imagen del libertador al líder y dictador de turno. Esto bajo la tutela siempre de ancestrales logias cuartelarías de pensamiento bolivariano, quienes han construido toda una ideología o religión a nombre del legado del libertador Simón Bolívar y cuyos diáconos e ideólogos cíclicamente irrumpen en la vida política nacional para gobernar con fuerza, violencia, corrupción y despotismo.

A lo largo de nuestra historia numerables han sido los episodios en donde diversos movimientos sociales y militares de insurrección, bajo la ideología bolivariana han conducido al país a revoluciones, guerras civiles, asonadas sangrientas y corruptas dictaduras militares. Es por ello que las nuevas generaciones de civiles venezolanos deben estar conscientes de la necesidad histórica de bajar a Venezuela del caballo militar ideológico para poder transitar por el camino de la modernidad y el desarrollo sustentable, sin dejar darle el justo valor y respeto al libertador Simón Bolívar, abandonando la religiosidad fanática de los valores militares proyectados en la sociedad civil a través de un sistema educativo de dominación que en los anales de la historia datan de la época del presidente de pensamiento Mazón, el General Antonio Guzmán Blanco, quien instaura la ritualidad de orden militar y el culto de Veneración al libertador y lo extrapola a la sociedad con el objeto de dar forma al nuevo ciudadano republicano venezolano. Recordemos que fue el general de ideología bolivariana Antonio Guzmán Blanco quien profirió la triste y apócrifa proclama en su discurso de inauguración de la estatua ecuestre del libertador en la plaza Bolívar de caracas, al comienzo del septenio (1.870 – 1877); Bolívar es un segundo Jesucristo y todas las generaciones tendrán que venerarlo y desde entonces muchos han sido los cambios, los ídolos y símbolos que se han construido en Venezuela, también muchos han sido los dictadores y caudillos regionales que han insurgido a nombre del legado del libertador como el caso de Cipriano Castro y su revolución libertadora o invasión andina de los sesenta como también se le denominada y que anhelaba como proyecto la reinstauración de la gran Colombia.

Con el paso del tiempo muchos han sido los cambios sociales en torno al ideal y culto militar bolivariano, las plazas mayores y los caminos reales de Venezuela se convirtieron en Plazas y avenidas bolívar, ciudades y comunidades adoptaron el nombre de bolívar, la moneda nacional y hasta el nombre de la republica lleva el nombre del libertador y ni hablar del reciente concepto sincrético de la unión cívico militar que permite a los hombres de armas ejercer funciones en la administración pública y en las empresas del estado sin la debida calificación a nombre de un falso proceso bolivariano y revolucionario de carácter socialista y militarista, que de forma toxica envenena ideológicamente la psique de las personas y conduce a la sociedad civil venezolana hacia la total dominación y tutela castrense.

Las nuevas generaciones de venezolanos deben aprender a ver y a estudiar la figura del libertador Simón Bolívar en su justa y respetuosa dimensión, en lo claro y lo oscuro de lo que fue su existencia de grandeza política y militar, para así enaltecer el pensamiento del padre de la patria sin incurrir en falsas ideologías bolivarianas de control mental que periódicamente sirven a los intereses individuales de tiranos y opresores. Es necesario que bajemos a Venezuela del caballo militar y que sean las artes las que dominen el pensamiento civil y ciudadano, que en nuestras plazas y espacios públicos se erijan grandes iconos artísticos que sensibilicen y eleven conductualmente el autoestima y el deseo del buen vivir de nuestra población, porque el desarrollo de un pueblo siempre será el resultado de la cultura y la visión progresista de futuro de sus ciudadanos y héroes civiles.

Por. Alexis Blanco Blanco.
Analista histórico.