sábado, 16 de julio de 2016

EL DESARROLLO INDUSTRIAL DE LA NUEVA VENEZUELA DESDE EL MAR HASTA EL AMAZONAS.

Por: Licdo. Alexis Enrique Blanco Blanco.

El petróleo no solo es el principal motor de la economía venezolana sino la creatividad y la voluntad del espíritu de cada venezolano en hacer cosas útiles para el bien de todos.

Una visión articulada de desarrollo del espacio territorial y las oportunidades de negocio que ofrece la posición geográfica estratégica.
El desarrollo y la fortaleza de todos los países que hoy son potencia en el mundo tienen su origen en las actividades industriales del mar. La geografía económica de Venezuela señala la enorme potencialidad para el desarrollo de la nación de cara al futuro, ya que nuestro país posee una posición geográfica estratégica envidiable frente a las aguas tranquilas territoriales del mar caribe y la zona económica exclusiva que fácilmente atraerían fuertes inversiones nacionales y extranjeras adicionales al petróleo de carácter naval, pesquero y gasífero. El solo tráfico marítimo internacional por el caribe representa una gran oportunidad inexplotada de negocios que en poco tiempo podrían apuntalar el desarrollo de la economía nacional, mediante la implantación sin egoísmos y falso nacionalismo de una Ley de Concesiones e Inversiones para el Fomento de la Industria Marítima y Costera de la nación, que atraiga el interés de los inversionistas en el marco fundamental de una relación de seguridad jurídica empresarial, con equidad, transferencia tecnológica, formación de Recursos Humanos y protección del medio ambiente. Pero para ello previamente se requiere de dar señales de apertura, no solo a través de la transferencia al sector privado del pequeño e improductivo astillero nacional de Puerto Cabello, Dianca, que data del año de 1.905, o Astimarca en Maracaibo, sino también de concretar alianzas estratégicas con las principales y más importantes compañías de astilleros navales del mundo tales, como el Damen de Holanda que opera en muchos países como cuba y Vietnam, el Fincantieri-Cantieri de Italia, Hyundai de Corea, el  Navantia de España y los Astilleros de la Mitsubishi del Japón, o canadiense entre otros del mundo para la fabricación y servicios en el país de reparación de barcos de todos los portes y calados.

La sola incorporación  en Venezuela del capital privado nacional y extranjero en la consolidación  de una industria  naval pesada, podría impactar por ejemplo en la reactivación aguas abajo de la economía de la región de Guayana y de otras las regiones del país, mediante la aplicación de una política integral que articule en cadena productiva el potencial industrial marítimo y la fuerza metalúrgica, siderúrgica, minera y metal mecánica del país, que conduzca un efecto de cascada a través de la creación de múltiples empresas de fabricación de partes y componentes de ingeniería para la industria naval y de diversas áreas tecnológicas que demanden masivamente los diversos recursos mineros con que cuenta nación para la producción de bienes y servicios. Pero es necesario también crear paralelamente un proceso de privatización de gran parte de las empresas socialistas del estado hoy improductivas y quebradas, utilizando el mecanismo democrático de subasta pública o de socialización de las acciones a través de la participación en el mercado de capitales sobre todo de aquellas empresas inertes de la corporación Venezolana de Guayana, CVG, conservando la totalidad de las acciones solo de aquellas empresas altamente estratégicas y a su vez, crear algunas nuevas bajo la figura de empresas mixtas de capital minoritario nacional como garantía accionaria de soberanía. Es importante entender que el estado venezolano no debe ser empresario, solo debe actuar como ente inversor y coordinador de políticas económicas, ya que  la experiencia histórica del capitalismo de estado y del socialismo intervencionista y paternalista ha resultado nefasta para el pueblo venezolano, debido a la partidización política y a la actuación militar en las gerencias de estas empresas publicas hoy llamadas socialistas que han degenerado en corrupción, clientelismo, deudas y burocracia, en donde el estado ha tenido que desviar y sacrificar grandes recursos económicos para subsidiar empresas quebradas en detrimento de la inversión social. Es necesario en este proyecto apuntar en los primeros diez años a la creación mediante la inversión nacional e internacional de no menos de quince mil empresa de las sesenta mil grandes industrias que se necesitan en todo el país para ser una potencia de mediano tamaño. Se requieren de iniciativas privadas que cumplan con los principios de responsabilidad social y ambiental, en un marco jurídico de seguridad y confianza a los inversionistas y de soberanía de la nación en cuanto a los derechos sociales y ambientales.

Es importante tener en consideración que Venezuela siempre será un país de intensa actividad rentista petrolera por sus inmensas reservas, que cíclicamente tendrá periodos de gran bonanza económica y declives con relación a los precios internacionales de los hidrocarburos y otras materias primas. Pero nunca debemos olvidar que tenemos que utilizar esos recursos con responsabilidad y destinar al menos un 20%, o 25% anual de esos ingresos en la inversión para el desarrollo tecnológico e industrial del país y sobre todo en la  investigación científica, actuando siempre en sociedad con el capital nacional y extranjero y las universidades del país. El estado venezolano con sus inmensos recursos económicos petroleros y no petroleros debe ser siempre un ente inversor responsable y no un administrador y acaparador de empresas públicas ineficientes que solo alimentan la corrupción clientelar, el egoísmo y la codicia político partidista y sindical. Hay que poner en practica el modelo japonés de industrialización de 1.870, de crear e invertir con honestidad en nuevos negocios e industrias que generen alta producción nacional y no generen deudas, bajo una moderada orientación económica keynesiana y monetarista de inversión estatal productiva, no cosmética o populista y apoyándose incluso en empresas mega constructoras internacionales para acortar la brecha de desarrollo tecnológico y luego democratizar o transferir esos activos en subasta publica a la sociedad civil, para recuperar el capital invertido y así seguir re invirtiendo hasta completar la meta de industrializar el país.

"Hoy Venezuela para apuntalar sus sueños y proyectos descubre bajo su subsuelo un universo de nuevas riquezas minerales estratégicas no petroleras como lo es coltan, el thorium, el vanadio, uranio y el cromo, entre otras que en poco tiempo sin duda alguna significaran grandes ingresos económicos para la nación con muy bajo esfuerzo humano, pero que se  requerirá para su correcta administración de un elevado nivel de conciencia y ética nacional que permitan su transformación en bienestar para todos y no se conviertan en una gran tragedia o maldición nacional. Ese nivel de conciencia requiere que los venezolano se apoyen y empoderen de una correcta y justa ley de minas que permita la equitativa participación de todos los ciudadanos en la distribución de la riqueza minera o bendición nacional y garanticen que al menos un 30% de los ingresos mineros anuales vallan estrictamente con carácter de ley a un fondo nacional para el desarrollo continuo de la educación escolar y universitaria, el deporte, la salud publica y la investigación científica para el desarrollo tecnológico del país, bajo la correcta administración del Banco Central de Venezuela a través de un fondo especial de reserva, o de la creación un Banco Nacional para la administración de las Reservas mineras estratégicas de Venezuela. Sigamos el ejemplo de inversión real del emirato de Dubai o de Japón en la sana gerencia de los recursos para el bien común. Los periodos de gran bonanza petrolera y minera que inevitablemente se avecinan no deben ser mal gastados, tienen que invertirse en la capacitación de los recursos humanos del futuro, en la investigación científica en todas las áreas y sobre todo en la creación de activos nacionales tangibles que perduren con su grandeza en el tiempo, desde el mar hasta Guayana y el Amazonas."


SIGAMOS EL EJEMPLO DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL DEL JAPÓN O RESTAURACIÓN DEL EMPERADOR MEIJI DURANTE LOS AÑOS DE 1.867-1.880, UN MODELO DE INVERSIÓN PUBLICA PARA EL DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL DE UNA NACIÓN.

El desarrollo rápido del capitalismo japonés presentó grandes diferencias con respecto a la Europa occidental. Mientras que en Occidente las manufacturas estatales centralizadas fueron desapareciendo durante la revolución Industrial, en el Japón se desarrollaron por todo el país y bajo un modelo occidental keynesiano de inversiones gubernamentales, creando muchas fábricas del estado: arsenales, manufacturas y siderurgias. Las fábricas de hilados y tejidos fueron rápidamente modernizadas a través de un proceso conocido como revolución industrial “desde arriba” (Capitalismo de estado de inversión temporal). El número de empresas manufactureras del estado era muy elevado, alcanzaron su apogeo en la década de 1870-1880. Pero a partir de 1880, comenzó una etapa de desconcentración y democratización de la riqueza o capital nacional japonés.

La gran mayoría de estas empresas publicas creadas y protegidas por el gobierno absolutista imperial pasaron mediante un proceso planificado y democrático de privatización bajo el mecanismo de subasta pública, a manos de familias o grupos empresariales y comerciales nacionales, que se encargarían de administrarlas con mayor eficiencia y responsabilidad social, como el caso de las familias japonesas Mitsui y Mitsubishi, que mantenían un estrecho contacto con el estado como socios. Con este proceso de transferencia de activos públicos a manos privadas, el estado japonés logro recuperar el dinero invertido, obteniendo así, altos dividendos en las operaciones que le permitieron a su vez seguir invirtiendo en nuevas empresas y obras de carácter social, también lograron la incorporación  y transformación del capital familiar comercial en capital industrial.

Alexis E Blanco Blanco
El liderazgo siempre vence a la indolencia de quienes tienen que hacer lo que deben hacer y no lo hacen.

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